La literatura se piensa también a partir de ciertas imágenes. Una foto campestre de Nabokov rastreando mariposas red en mano, Sciascia y Bufalino recogiendo setas en la campiña italiana, Marianne Moore con su pony, Faulkner de raída chaqueta de montar entrando a su viejo galpón —que todavía puede verse y lo vi en Oxford—, Joyce y aquel matemático, Eugene Jolas, por las calles de París…
O aquel retrato de Bajtín posando como un todavía más frugal Rasputín y cuya curiosidad espiritual discurría por otras veredas. Toda imagen es una objeción, podría uno pensar a partir de que el archivo es finito pero ahora mismo inabarcable.

No hay comentarios:
Publicar un comentario