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viernes, marzo 06, 2026

Mudanzas


En los  
Cuadernos de apuntes de Martí me encuentro la referencia a William Brewster, uno de los peregrinos del Mayflower. Dice que llegó a las costas de Norteamérica con 245 libros y que no era, por cierto, el que más libros traía. Hombre educado en Cambridge, había aprendido griego y latín, y se dice que viajó incluso con su mesa de trabajo, que se exhibe hoy en el museo de Plymouth. ¿Qué saben de la verdad los que hablan contra los libros?, se pregunta Martí.  

Me interesa mucho esta idea, no tanto de la fundación de una nación a partir de un cargamento de libros, que también, sino la de las mudanzas, el viaje con libros, sobre todo cuando éstos son como piezas de la vida de uno, capítulos de una biografía a los que solo uno da importancia. Estoy siempre rumiando estas cosas a partir de que cada mudanza a las que he sometido a mi familia ha sido una de libros.  

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domingo, septiembre 07, 2025

Oneguin



Anoche fui a mi primera función de ballet en más de treinta años. El Houston Ballet montó Oneguin, coreografía de John Cranko y partitura de Kurt-Heinz Stolze siguiendo aquellas pautas de la ópera de Tchaikovsky. Una maravilla. Primer bailarín: el cubano Gian Carlos Pérez. Tres cubanas más en el cuerpo de baile. Nos fuimos temprano bajo un diluvio en el sur de Houston, pero dos millas más allá claridad total. Esto es Texas.

Aparcamos bajo lo que suponía era el teatro en pleno downtown. ¿Ya habíamos estado aquí antes, o no? Creo que sí pero no puedo recordar viendo qué. Es un edificio enorme color ladrillo, la entrada es un arco de cristal de casi cien pies de alto. Nos perdimos para ir del parqueo al edificio y luego para regresar al carro al final de la función. Hay un túnel que va directo al teatro pero nunca dimos con él, de manera que salimos a la calle, cruzamos la avenida, caminamos una plaza con árboles y llegamos al teatro. Todavía me río pensándome como un alma descolocada en medio de tanto people emperifollado. En la escuela algunos maestros recogieron dinero para comprar tickets de lotería, le venía comentando a M. ¿Qué va a pasar con el claustro de español si se la ganan? Eso debería ser ilegal pues no pueden irse todos de plano si se la ganan. Creo que lo hacen por eso, porque suena demasiado ilusorio.

Las entradas al ballet me las mandaron por email. No las encuentro ahora. Vaya a la ventanilla, sir, pero no encuentran mi nombre y tienen que imprimir de nuevo mis boletos. ¿Se nota mucho que es nuestra primera vez? Hay mesas y venta de bebidas al entrar. Martha quería comprar algún vino. Buscamos la sección M. Nos mandan a tomar el elevador al piso 5. Buscamos un baño, pero tomamos la dirección equivocada, los baños están junto a los elevadores. ¿Dónde está la sección M? Balcony, sir, piso seis, sir. Ah, ya, vale, nos ha tocado gallinero. Vuelta a los elevadores. Alguna gente con traje y sin corbata trae cervezas en las manos.

La sección M está semivacía. Da mucho vértigo. Martha dice que se siente resfriada. La vista es espectacular. Comienza la función y olvidamos todo. Vimos la película hace años, ¿te acuerdas?, con Ralph Fiennes haciendo de Oneguin. No recuerdo la historia, debo leer el programa de mano, siempre huelen igual. Okey, mira, Lensky es novio de Olga y llega con un amigo urbanita, Oneguin. Tatiana es la que lee novelas y poemas y se enamora de Oneguin, que la rechaza porque su amor es adolescente y además es una chicuela de campo. Oneguin intenta seducir a Olga y ofende a Lensky. Ni come ni deja comer. El dilema se resuelve en un duelo, muere Lensky a manos de su amigo. El programa aclara que se usarán armas de fuego teatrales. Pero el duelo ocurre en las sombras desde donde se escucha un sonido falso de disparo y un cuerpo que cae.

Los intermedios son de unos veinte minutos y hay dos. La obra va a durar más de dos horas. Gian Carlos es un bailarín espléndido. Llegó a la compañía el año pasado, vino del Ballet de Washington. Me sigue admirando que entre algunos jóvenes cubanos y sus familias se conserve el prestigio de ser bailarín clásico. Esto empezó hace más de setenta años en una islita azucarera del Caribe, el castrismo decidió seguir apoyándolo (al final los rusos eran los mejores en esto y eran sus aliados) y aquí estamos, fascinados con el profesionalismo y las magníficas condiciones técnicas de un bailarín que nació sabe dios en qué barrio habanero. Carlos Acosta también fue miembro de esta compañía hace años, también era negro y venía de una familia humilde, padre camionero, que lo apoyó, y de Pinar del Río al mundo.

En uno de los intermedios me fui a comprar una botella de agua, tomé el elevador y en el piso cinco entró una pareja, traje y corbata el señor, la señora rubia platino más joven que él, toda de blanco, incluyendo sus high heels, era expensive toda ella, los botones de su chaqueta blanca, su maquillaje blanco, su respiración, pero había algo en ella no resuelto, era guiada por el señor todo el tiempo como si descendiera del elevador de una clínica o llegara desde la noche más cerrada de un hospital para enfermos muy exclusivos.

Cuando se acabó la función, nos fuimos tras la manada que tomó el famoso túnel a los parqueos. Pero ahora no tenía la menor idea de dónde estaba el carro. Subimos un piso, bajamos dos y cuando ya no veíamos a nadie divisé un entristecido y solitario carro blanco al que poco le faltaba por echarse a llorar. El mapa nos puso a dar vueltas para llegar al freeway 288. Ya eran pasadas las diez y media. Bajamos en un McDonalds a comprarle algo al hijo. ¿Cómo les ha ido la noche?, nos dijo el cobrador, un hispano gordo como el telón del teatro. Venimos del ballet, le digo. Qué bien, nunca he ido pero quiero ir cuando pongan Nutcracker, nos respondió con esa naturalidad que tantas veces uno extraña.

domingo, agosto 10, 2025

Apuntes de un lector de novelas gráficas


En una nota de George Steiner sobre un libro de Alberto Manguel encuentro la mención poco menos que peyorativa del lector de cómics como una suerte de no-lector. Steiner no apunta exactamente a un lector específico, sino que se refiere a esos miles de hombres y mujeres “que simplemente descifran los titulares de la prensa o le echan una ojeada a los cómics”.

La idea del historietismo como abaratamiento del acto de leer yo diría que es muy antigua, pero ¿de dónde proviene? Acaso de la infancia, de nuestros primeros pasos como lectores que se sienten atraídos por unos artefactos que conjugan textos e imágenes o dibujos. Guy Davenport ha recordado que el primer libro que leyó fueron las tiras de las aventuras de Tarzán. Entraríamos aquí entonces en un terreno donde serían necesarias ciertas precisiones que el mercado del libro ha delimitado bien, y perdonen mi didactismo: cómics para lectores infantiles y cómics para adultos.

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martes, agosto 15, 2023

Inge & Omar


Omar Santana nos trajo este retrato de Luna, "gata arrabalera", como le dice M. Estuvo con Inge en nuestra casa y ya extrañamos esos días intensos en los que hablamos mucho, comimos y bebimos, al principio con ciertas mesuras y ya al final como si no nos importara nada más en el mundo que la gran epopeya de las comidas y las bebidas.

Los llevamos al Museo de Arte Crystal Bridges a ver un Hopper, pero Omar se nos rezagó ante un Rockwell. Luego fuimos al downtown y vimos que estaba muy animado porque era la fiesta del "first Friday" y habían instalado una tarima y había niños cantando y carpitas blancas con anuncios. Hacía un calor de infierno, nos metimos a comer en un restaurante mexicano y luego a un café fancy y compartimos mesa con una señora que padecía una enfermedad neurológica y estaba allí promoviendo su empresa que hace generosas donaciones al hospital del condado.

Inge y Martha se iban a hacer fotos y a comprar especias, cacharros de cocina o zapatos para las hijas y Omar aprovechaba para hablarme de Caibarién y yo de Cueto. Le conté que en mi primer libro el editor cambió por error mi lugar de nacimiento y de alguna manera, como resultado de ese error, fui expulsado para siempre de aquel pueblo que nadie lleva en la memoria como yo porque nadie puede escribir mejor lo que yo allí viví.

Estábamos en eso cuando vio un mensaje que le había llegado tres días antes: una revista digital le cancelaba sus colaboraciones, que era una de las principales razones para que muchos lectores se asomaran a esa revista. Le dije que quedábamos hermanados también por eso: a mí me liquidaron un libro por una cantidad tan irrisoria que apenas si alcanzaba para comprar alguno que me interesara. Y que después de mucho zapatear por fin había encontrado una que tiene por costumbre pagar, ¡y con puntualidad!, las colaboraciones de quienes vivimos fuera de aquel desbarajuste llamado Cuba.

Omar va a dibujar todo eso y más, y lo que sea que resulte de ahí nos lo vamos a perder todos porque no pinta para nosotros sino para su padre, campesino, pescador y hombre-que-lo-hace-todo, como era el mío, y también y sobre todo para unos fantasmas que ninguno de nosotros sabrá jamás.

Conocí a Inge en los años 90. Sé que era ella porque ese nombre nunca se olvida y porque era bella y muy delgada y porque fue la primera mujer que vi con las axilas sin depilar. Luego se fue a Perú, fue madre y ayer estaba aquí hablándonos de sus hijas que ya son grandes.

A Omar le dije que yo era un pobre lector de treinta años con recurrentes ataques poéticos cuando comencé a ver sus colaboraciones en aquel Herald de los dos mil. A mí vino una vez un enviado del más allá a decirme que este encuentro estaba pactado para un tiempo futuro, pero yo, como es lógico, no lo creí.

De todos esos miles de libros que hay en casa, a Omar le interesó uno solo: una vieja edición de tapa dura del Velázquez de Ortega que me traje de Cuba y está bastante bien conservada. Eso dice mucho de un pintor formado en San Alejandro. Vi que alzó los ojos del libro, levantó en silencio una mano y la chocamos entre tequilas y manjares que M. no se cansó de prepararles.

Creo que si no fuera por nuestras mujeres no nos hubiéramos encontrado nunca. Eso no lo dijo el enviado.