martes, julio 07, 2026

Neymar

 


Neymar es de esos futbolistas que parecen haber pasado de puntillas, con muy caros escarpines, por el negocio de los deportes.

Carletto, zorro viejo, no quiso echarse encima la triste culpa de dejarlo en el sótano habiendo fiesta en la terraza. Lo trajo al Mundial, le dio unos minutos como un barman que concede media copa a quien ya no merece ni el agua en botella y lo que se vio en este Mundial de estrellas fue una sombra averiada luciendo un peluquín, unos tatuajes. Sin rodaje, sin una rodilla y algún kilo sobrante.

Para los récords, la máquina implacable, la que tanto da y tanto quita, quiso apuntarle un penalti contra unos vikingos cuando estaba el partido sentenciado. Agarró Neymar la pelota, se peleó con un portero que lo cuqueaba y le anotó, paradiña incluida. Pero todo era atrezzo, demasiado melancólico.

Neymar ganó algo en el fútbol, unas ligas por aquí, alguna Champions por allá, pero uno sabe, quizás él también, que nos quedó a deber.

Hizo mucho dinero y eso le pareció suficiente. No seremos pocos los que recordamos cómo empezó todo este ruido alrededor del que fue la última perla del antiguo semillero brasileño, tan desmejorado hoy: del Santos fichó por el Barsa y aquel presidente acabó en los juzgados. 

En el negocio futbolero las cajas registradoras no paran de sonar, pero con Neymar parecía que debían sonar más alto, más fuerte, más seguido. Su traspaso al PSG rompió los mercados y ahí supimos que eso era todo lo que el más talentoso de los últimos jugadores brasileños estaba listo para romper.

Trece años después de su desembarco en Europa, se retira de una selección a la que le dio demasiado poco.

martes, junio 23, 2026

Trapiello

 


Andrés Trapiello ha anunciado que en la primavera de este año llegará un nuevo tomo de sus diarios, el número 25. Se llamará «De todo tiene», una frase extraída del Quijote. Cuando el ingenioso hidalgo llegó a Barcelona, en el famoso pasaje de la cabeza parlante, uno de los más memorables de la novela, le preguntó si lo de la cueva de Montesinos había sido verdad o mentira y tal fue la respuesta de aquel cervantino adefesio, la cabeza, digo, que respondió: De todo tiene.

La frase es buen corolario para esos libros que Trapiello ha querido publicar bajo el título de Salón de pasos perdidos, sus diarios, que son, como le gusta al autor decir galdosianamente, «novela en marcha». He empleado muchas horas de mi vida leyendo estos libros. Los he buscado aun cuando algunos no están a la venta en ningún sitio; he hecho amigos en varios lugares solo porque profesan la misma culpable inclinación, he sido bloqueado de grupos de lectores donde no se admite un comentario fuera de la norma, he pagado bastante por envíos desde España, han llegado a casa cajas con toses y fiebres europeas, en plena pandemia, y hasta algún atisbo de tráfico de muñecas sexuales, que al final no eran tales, se ha colado en los trasiegos.

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sábado, junio 06, 2026

Salinger

 


De todos los escritores que se ocultaron y dijeron no (para ponerlo en modo Vila-Matas), Salinger parece ser el más atractivo y por alguna razón que acaso llegamos a intuir. Es autor de culto y su nombre se menciona en series de televisión por el estilo de Friends. Un icono pop, todo lo que no quiso.

Hemingway creyó ver en Mark Twain al padre de la literatura moderna norteamericana con su Huck Finn. Montado en esa corriente, para David Lodge los personajes de Salinger descienden directamente de allí, sólo que con un grado mayor de sofisticación. En cuanto a Harold Bloom, aunque ha dicho que su destreza estilística está fuera de toda duda, se nota mucho que no lo tenía en alta estima. Nos dejó saber que era un escritor agotado.

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domingo, marzo 08, 2026

Cavernas

 


La literatura se piensa también a partir de ciertas imágenes. Una foto campestre de Nabokov rastreando mariposas red en mano, Sciascia y Bufalino recogiendo setas en la campiña italiana, Marianne Moore con su pony, Faulkner de raída chaqueta de montar entrando a su viejo galpón —que todavía puede verse y lo vi en Oxford—, Joyce y aquel matemático, Eugene Jolas, por las calles de París…

O aquel retrato de Bajtín posando como un todavía más frugal Rasputín y cuya curiosidad espiritual discurría por otras veredas. Toda imagen es una objeción, podría uno pensar a partir de que el archivo es finito pero ahora mismo inabarcable.

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viernes, marzo 06, 2026

Mudanzas


En los  
Cuadernos de apuntes de Martí me encuentro la referencia a William Brewster, uno de los peregrinos del Mayflower. Dice que llegó a las costas de Norteamérica con 245 libros y que no era, por cierto, el que más libros traía. Hombre educado en Cambridge, había aprendido griego y latín, y se dice que viajó incluso con su mesa de trabajo, que se exhibe hoy en el museo de Plymouth. ¿Qué saben de la verdad los que hablan contra los libros?, se pregunta Martí.  

Me interesa mucho esta idea, no tanto de la fundación de una nación a partir de un cargamento de libros, que también, sino la de las mudanzas, el viaje con libros, sobre todo cuando éstos son como piezas de la vida de uno, capítulos de una biografía a los que solo uno da importancia. Estoy siempre rumiando estas cosas a partir de que cada mudanza a las que he sometido a mi familia ha sido una de libros.  

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jueves, marzo 05, 2026

Colisiones



Me gustaría mucho llegar a una librería americana y encontrar libros de Pre-Textos, Atalanta, Ladera Norte (proyecto editorial que dirige Ricardo Cayuela en España). Los trasiegos electrónicos nos ayudan a mitigar algo de esas apetencias no satisfechas, pero las posibilidades de una normalidad en el comercio libresco entre España y Norteamérica no parece que vaya a mayores.

Soy muy tozudo con esas prácticas. La semana pasada recalé en Dallas y a poco de llegar me fui a un Barnes & Noble que había por allí. La sección de libros en español era miserable, de una pobreza hartante, confinada a la última esquina en el segundo piso, al lado de las cacharrerías que ya no interesan a nadie.

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miércoles, marzo 04, 2026

La biblioteca en llamas



En el año 2021, en plena pandemia de Covid 19, se inauguró en Fayetteville (Arkansas), donde vivíamos entonces, la monumental expansión de la biblioteca pública. Quedó el viejo edificio reconvertido en una funcional y laberíntica mole de cristales, acero y concreto que costó unos 50 millones de dólares. La mitad de ese dinero se la sacaron a los contribuyentes a base de subir los impuestos sobre la propiedad. La otra mitad salió de una campaña de recaudación privada.

Fui muchas veces a esa biblioteca antes y después de su remodelación. Abrieron un espacio bastante amplio de venta de libros —Friends of the Library Bookstore, se llamaba— a precios muy bajos, una práctica que veo también en las bibliotecas de Houston, aunque paradójicamente, siendo esta una ciudad tan gigantesca, con una capacidad muy reducida, a veces apenas un estante.

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