En los anales de la poesía cubana, la obra de Ángel Escobar recobra espacios no explorados para la palabra desde la irrupción del Grupo Orígenes en 1944. En esa larga travesía hacia la articulación de un discurso lírico absolutamente personal, el poeta nos dejó testimonio de su mundo, sus obsesiones, las desventuras de lo humano, porque de eso se trata al escribir poesía, de revelar las sombras que nos aguardan cual si se habitara a perpetuidad “la oscura noche de San Juan” que reclamaba José Lezama Lima.
Abuelo, padre, madre, hermano mayor. El primer poema de su primer cuaderno publicado —“Libro primero” de Viejas palabras de uso, de 1978—, algo así como el pórtico de toda su poesía, evoca esas figuras familiares, las hace revivir en el territorio de la memoria, re-edifica el entorno donde nace/crece el niño que será poeta y evocará, además de a seres que poblaron su existencia, el caos de una vida en los bordes.
.png)
No hay comentarios:
Publicar un comentario